Cuando la relación se convierte en el objeto de la práctica

Un día llegué a casa y me encontré a mi hijo adolescente con la cabeza completamente rapada y un tatuaje nuevo.

Recuerdo perfectamente que sentí una mezcla de miedo, tristeza y desconcierto.

No le pregunté qué significaba para él aquella decisión. Ni cómo la había vivido. Ni qué quería expresar con aquel tatuaje.

Lo que hice fue creer las historias que mi mente empezó a construir sobre lo que estaba viendo.

Lloré.

Aquel día no estaba viendo realmente a mi hijo. Estaba viendo mis ideas sobre quién creía que debía ser.

Mis interpretaciones llegaron antes que mi curiosidad.

He regresado muchas veces a esa escena, y me recuerda algo muy sencillo y muy humano: con frecuencia no nos relacionamos con las personas, sino con las historias que construimos sobre ellas.

Llegamos a una conversación creyendo que ya sabemos quién es la otra persona, qué piensa, qué siente o cómo responderá. Escuchamos nuestras expectativas antes que sus palabras. Entonces deja de haber espacio para un verdadero encuentro, ese lugar donde la comunicación puede transformarnos.

Esta comprensión abrió una dimensión de la práctica que hasta entonces apenas había explorado.

Durante muchos años entendí la meditación principalmente como un espacio de silencio. Un lugar para volver al cuerpo, observar la respiración, reconocer pensamientos, emociones y sensaciones.

Sigo necesitando profundamente esa práctica.

Pero la mayor parte de nuestra vida no transcurre sentados en un cojín.

Transcurre mientras dialogamos con nuestros hijos, con nuestra pareja, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestros amigos, pacientes o participantes de nuestros cursos. 

La vida sucede en relación.

Con el tiempo comprendí que no se trata de una práctica distinta. Lo que cambiaba era el lugar donde la práctica sucede. El objeto de observación sigue siendo la experiencia, pero ahora sucede en la relación interpersonal.

La relación interpersonal deja de ser el lugar donde la práctica se interrumpe. Se convierte en el lugar donde vuelve a comenzar.

Basta una conversación difícil para descubrir que los obstáculos de la práctica no surgen únicamente en el cojín.

Y que son exactamente los mismos obstáculos que aparecen durante la meditación: el deseo, la aversión, la inquietud, el letargo o la duda.

La diferencia es que, en la relación, tenemos aún menos control sobre las condiciones que los generan. La otra personas despierta en nosotros aquello que creíamos haber aprendido a reconocer y sostener con conciencia.

Quizá por eso la práctica requiere aquí un tipo distinto de estabilidad. Recordar una y otra vez la intención de permanecer presente y, desde ahí, salir al encuentro del otro. Y, cuando ese encuentro no es posible, tener también la humildad de hacer una pausa y aceptar que, en ese momento, la práctica puede consistir en volver a una misma.

He dejado de ver estos estados como un problema.

Son parte de la experiencia humana.

Cuando aparecen y consigo reconocerlos con un poco de claridad, dejan de dirigir completamente mis palabras y mis acciones.

Hay una práctica del programa de Mindfulness Interpersonal que suele sorprender.

Nos detenemos a contemplar algo que todos sabemos y, sin embargo, olvidamos con facilidad.

Este cuerpo envejece. Este cuerpo enferma. Este cuerpo morirá.

Y exactamente lo mismo ocurre con las personas a las que queremos.

Recordar nuestra vulnerabilidad compartida no nos vuelve pesimistas. Nos vuelve más humanos.

Cuando recuerdo que la persona que tengo delante también conoce el miedo, la incertidumbre, la pérdida o el dolor, algo cambia en mi manera de escuchar.

Disminuye mi necesidad de juzgar.

Aparece más paciencia y ternura.

Entonces el respeto aparece como una expresión de amor.

La conversación deja de ser un lugar donde defender posiciones y empieza a convertirse en un lugar donde comprender antes que convencer.

También descubrí otra cosa que seguro que te resulta familiar y es que la mente detecta enseguida lo que falta, pero necesita entrenamiento para reconocer lo que ya está presente.

Tanto las tradiciones contemplativas como las ciencias actuales muestran que las experiencias sobre lo que ya está bien, sobre lo que es bueno y beneficioso en nuestra vida también necesita nuestra atención. Y permanecer unos segundos con ellas ayuda al cerebro a consolidar circuitos de seguridad, confianza y resiliencia. No basta con que ocurran; necesitamos recibirlas de verdad.

Hace unas semanas, mientras preparaba una sesión sobre la alegría apreciativa, me di cuenta de cuánto necesitamos entrenar la capacidad de reconocer el bien cuando aparece.

Alegrarnos por ello. Dejar que nos nutra.

Porque no queremos limitarnos a soportar mejor la vida. También queremos aprender a celebrarla.

Cuando pensamos en resiliencia solemos imaginar a personas fuertes, capaces de soportarlo todo. Pero a mí me inspira mucho más otra comprensión.

La resiliencia consiste en poder volver.

Volver al cuerpo, a la respiración, a la relación.

Volver a escuchar después de habernos perdido.

Volver a pedir perdón cuando nos equivocamos.

Volver a empezar una conversación.

Volver a confiar.

Eso es algo que entrenamos continuamente cuando practicamos mindfulness, y en particular mindfulness interpersonal. 

No estamos intentando convertirnos en personas que nunca reaccionan. Eso sería una tarea imposible. Aprendemos a reconocer la reacción antes de actuar desde ella.

Y hay algo que merece ser celebrado: esos momentos en los que logramos permanecer presentes justo cuando aparece la reactividad y descubrimos el espacio para elegir la respuesta que queremos dar.

A veces ese espacio apenas dura un instante.

Pero ese instante puede cambiar completamente una conversación.

Por eso me gusta tanto la meditación. Porque no termina cuando acaba la práctica formal. Continúa en la vida y despierta cada vez que comienza un diálogo.

Para mí, la práctica de mindfulness interpersonal consiste en aprender a estar presente conmigo misma y con las personas con las que entro en relación. Priorizar el encuentro mismo para que no sean mis ideas sobre mí, sobre la otra persona o sobre la situación las que tomen las riendas. Las prácticas del diálogo consciente —pausar, relajar, abrir, sintonizar con lo que emerge, escuchar profundamente y hablar la verdad— se han convertido en compañeras de viaje.

Y aun así, sigo olvidándolo a veces.

Pero también soy consciente de que cada encuentro interpersonal es una nueva oportunidad para volver a mirar con menos certezas y más curiosidad.

Aquel tatuaje sigue ahí.

El pelo volvió a crecer hace mucho tiempo.

Mi hijo ha seguido cambiando. También ha cambiado nuestra relación, como cambian todas las cosas.

Y yo sigo aprendiendo que las personas -y en general, las experiencias- nunca caben en las ideas que tenemos sobre ellas.

Sigue siendo, para mí, una de las prácticas más difíciles. Y precisamente por eso, una de las más bellas.

Si quieres conocer el programa, puedes encontrar toda la información aquí.

Mindfulness Inter-personal
MIP

De octubre a diciembre de 2026
En línea - en vivo
PLAZAS LIMITADAS
eus3 ana arrabe retiro septiembre 2024 madrid santa maria de los negrales

Ana Arrabé

Fundadora de Eus3 y de Way of Nature Spain. Dirige la Formación de Profesores de MBSR en el Nirakara Mindfulness Institute. Certificación en la enseñanza de MBSR (Mindfulness-Based Stress Reduction) por el Centro Médico de la Universidad de Massachusetts y Certificación como formadora de Profesores de MBSR por el Mindfulness Center de la Universidad de Brown. Profesora de Programas de Mindfulness Interpersonal por la comunidad de Insight Dialogue y Metta. Postgrado universitario en Inteligencia Emocional (UCJC) y miembro de la red Global Mindfulness Collaborative (GMC).

Su visión del estrés como una de las principales causas de sufrimiento en las personas, en las organizaciones y en la sociedad, y su pasión por el potencial virtuoso que ofrece el entrenamiento de la mente son su inspiración en la docencia.

Desde 2010, Ana Arrabé imparte formación, seminarios e intervenciones basadas en mindfulness abiertas al público en general, In Company y en el entorno académico.

Compártelo:
icono-2

Suscríbete

Para estar al tanto de nuestras novedades

Responsable: Ana Arrabé. Finalidad: enviarte información sobre Eus3. Legitimación: tu consentimiento. Destinatarios: Tus datos se almacenarán en una lista de la empresa de email marketing Mailerlite gestionada por Eus3. No se cederán a terceros sin tu permiso, ni se usarán para otros fines que los indicados. Derechos: Tienes derecho a acceder, rectificar, limitar y suprimir tus datos en cualquier momento aquí. Este sitio utiliza ReCAPTCHA v3. Puedes consultar su Política de Privacidad y las condiciones del servicio.

Carrito de compra
Scroll al inicio
Ana Arrabé | Eus3
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para poder ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a mi web o ayudarme a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.