Imagen: Cuaderno de notas en un retiro en la Naturaleza
Notas personales antes de un mes de retiro
En septiembre de 2026 voy a realizar mi primer retiro de un mes de duración junto a uno de mis maestros, Gil Fronsdal.
Solo escribir esta frase ya me produce una mezcla de ilusión, respeto y humildad.
Llevo desde 2009 realizando retiros de meditación de forma regular y, con los años, he descubierto que estas experiencias van mucho más allá de meditar muchas horas. El silencio y la práctica nos colocan frente a nuestra mente, nuestros hábitos, nuestras resistencias y también frente a nuestra capacidad de presencia, apertura y calma.
En estos meses de preparación he estado leyendo Everything is Practice, de Gil Fronsdal, un libro que me ha inspirado a escribir un texto más personal sobre la experiencia de los retiros, el silencio y la práctica contemplativa.
Espero que estas palabras puedan servir de apoyo a quienes estéis inscritos en un retiro o pensando hacer uno próximamente. A mí, desde luego, me está ayudando mucho escribirlas.
Lo que el silencio revela
La palabra “retiro” puede sonar a alejamiento. Como si durante unos días abandonáramos la vida real para refugiarnos en una especie de burbuja de calma. Pero cuanto más retiros hago, más siento que sucede exactamente lo contrario.
Un retiro no nos aleja de la vida.
Nos acerca. Nos acerca al cuerpo, a la respiración, a la mente y a la experiencia directa del momento presente. Nos acerca también a aquellas partes de nosotras mismas que normalmente quedan ocultas bajo la velocidad, la inmediatez, el ruido, las responsabilidades o la constante estimulación cotidiana.
Creo que es claro que muchas veces lo que nos hace sufrir no es tanto lo que ocurre, sino la manera en que nos relacionamos con ello. Y esto se hace evidente cuando nos sentamos a meditar y lo hacemos con exigencia, impaciencia, necesidad de control, expectativas o miedo a “hacerlo mal”. Por eso muchas personas llegan esperando encontrar paz inmediata y descubren, al menos al principio, inquietud, cansancio, ansiedad o una mente especialmente dispersa.
Y eso no significa que el retiro vaya mal. A veces significa exactamente lo contrario.
Empezar a ver lo que normalmente no vemos
Hay algo profundamente honesto en un retiro. Al reducir estímulos y distracciones, muchas de nuestras dinámicas internas -normalmente invisibles para la mente dispersa- se vuelven más visibles. La mente deja de poder escapar tan fácilmente y empiezan a aparecer patrones que normalmente pasan desapercibidos: la autoexigencia, la comparación, la prisa, el deseo de controlar la experiencia o la dificultad para sostener ciertos estados emocionales.
Y ahí comienza una parte importante de la práctica.
Porque la práctica de mindfulness no tiene tanto que ver con producir estados especiales de calma o bienestar. Consiste más bien en aprender a estar con honestidad, amabilidad y compasión con lo que ya está ocurriendo.
Y empezamos a ver que el añadir capas de juicio o resistencia o intentar convertir cada experiencia en un problema a resolver, genera malestar, y, es desde este conocimiento directo que empezamos a dejar de hacerlo. Nadie lo puede hacer por ti.
Al prepararme para este retiro me recuerdo a mí misma que una práctica madura tiene que ver con dejar de pelearme continuamente con la experiencia, y cesar mis intentos de controlarla.
El retiro como laboratorio de la vida
Otra idea que me acompaña estos días es entender el retiro como un laboratorio de la vida cotidiana y no como un paréntesis.
Porque en mi experiencia, aunque el contexto cambia, y la agenda es otra; en un retiro aparecen las mismas tendencias que aparecen fuera: la impaciencia, la necesidad de aprobación, la comparación, la dificultad para sostener el malestar, el miedo o el impulso de querer que las cosas sean diferentes o de querer estar en otro lugar.
Vamos, que nos llevamos la mente dondequiera que vayamos. Esta frase me recuerda al título de un libro de Jon Kabat-Zinn: Donde quiera que vayas, ahí estás.
La diferencia es que, en silencio, a través de la práctica y con menos distracciones, todo eso se vuelve mucho más evidente. Y precisamente ahí es donde comienza un aprendizaje más profundo.
Algo que me parece especialmente valioso -aunque sea sutil- de la práctica contemplativa es que empieza a enseñarnos, poco a poco, la posibilidad de una relación más sencilla con lo que ocurre. Las palabras de mi maestra Patricia Genoud resuenan en mi cuerpo: SIM-PLI-CI-DAD.
Una relación que no siempre se siente cómoda, pero sí más libre.
Y más libre, ¿de qué?. Libre de toda la tensión que construimos alrededor de lo que ya está sucediendo: la resistencia, el apego, la narrativa mental o la sensación de que algo “debería ser distinto a… ¡como ya es!”.
Pero hay momentos en los que dejamos de luchar contra la experiencia y aparece un espacio inesperado de calma. Y en el recogimiento e introspección de un retiro podemos reconocerlos. No es que estos momentos no se den en nuestra vida cotidiana, es solo que se nos escapan y no los vemos. Y si no lo vemos, no tiene por qué servirnos para aprender.
Escuchar profundamente
También he pensado estos días en la forma de escucha que surge durante un retiro. Escuchar las enseñanzas, las instrucciones y también todo aquello que emerge dentro de una misma. Escuchamos con el cuerpo y la mente, con receptividad y presencia.
Quizá por eso los retiros pueden resultar tan transformadores incluso cuando aparentemente “no sucede nada extraordinario”.
El instrumento cuerpo-mente se va afinando lentamente, la mente se aclara y el cuerpo empieza a descansar de ciertas tensiones. Y comenzamos a “recordar” una manera más natural y menos fragmentada de estar en la vida. Como un anhelo de algo que ya sentimos hace tiempo, quizá en la infancia.
Practicar para volver (renovada)
No sé cómo será este próximo retiro de un mes.
Me siento muy agradecida a todos -mi familia, mis maestros y amigos- y a todo lo que hace posible esta experiencia.
Y sé que seguramente habrá momentos bellos y momentos difíciles. Habrá silencio profundo y también inquietud. Claridad y confusión. Energía y cansancio. Y escribo estas palabras para recordarlo cuando llegue, porque eso también forma parte del camino.
Estar presente en esos momentos nos permite conocernos con profundidad y honrarnos tal y como somos, poco a poco dejando ir la idea de convertirnos en esa “mejor versión de una misma”, en alguien perfecta, tranquila o especial. Dejamos de querer ser otra persona que no somos y nos abrimos a quien de verdad somos, una verdad en continua transformación para los ojos que “ven” y los oídos que “escuchan”. Una verdad a descubrir.
Tal vez por eso un retiro puede convertirse, en una forma -beneficiosa, honesta y más libre- de volver a casa.
Referencias
Fronsdal, Gil. Everything is Practice. A guide for insight meditation retreats. Tranquil Books.
A lo largo de los años, los retiros han sido una parte esencial de mi práctica y de mi vida. Si sientes interés por explorar este tipo de espacios de silencio y meditación, aquí puedes encontrar información sobre los retiros que organizamos desde EUS3:
Retiro de Mindfulness y Silencio
con Patricia Genoud y Ana Arrabé
Modalidad presencial en Madrid
PLAZAS LIMITADAS

